No quería ser pintor…” Parece mentira que uno de los referentes artísticos más importantes del siglo XX dijera semejante afirmación. Lo petó.  Como seguro arrase la nueva exposición que sobre este poliédrico artista (Pittsburg, Pensilvania, Estados Unidos, 1928-1987) viste ahora el Palacio de Santa Bárbara de la mano de Next Exhibition y la Cámara de comercio italiana.

Un recorrido palaciego, como no podía ser de otra forma, súper,  para un rey, “Super pop”, como tilda esta segunda apuesta de cultura edutainment que desde que uno pone el pié se reactivan los sentidos. Un laberinto de salas, ascendente, descendente al más puro universo Andy Warhol, netamente icónico, como una ruta por la América de los años 50, su época. 60 y 70 con un sello inconfundible. ¿Quién no conoce sus Campbell infinitas o la Marilyn, repetida, de rabiosos colores? Que, sin duda, abrió la puerta a posteriores y múltiples generaciones de creadores, comisarios, cineastas y diseñadores. Vamos que lo invadió todo y con gusto, de ahí su legión de imitadores.

Estructurada en cuatro grandes áreas, documental, retratos,  instantáneas, incluida una infantil, adentrarse en ella, es bucear en toda una explosión de creatividad.  Y solo condensa, en este noble espacio,  una pequeña parte de su abultada trayectoria artística a lo largo de 40 años, lo que le ha valido la corona de la corriente Pop Art a nivel mundial.

Aquí se conjuga, con acierto, la Moda, el Arte, la Música, el Cine, la Fotografía y el Diseño gráfico, Madrid esta de Festival, con una chispa de Marketing entretenido, todas las disciplinas  que captaron su interés para el posterior deleite de todos, que da este sensacional resultado.

Su colaboración con las cabeceras más a la vanguardia, allá en los 40,  Las caratulas de libros y discos. La cima del diseño en la década posterior, sus icónicas latas o el retrato de Mao, su coqueteo inicial con la pintura.

Nuevas técnicas, como la serigrafía, también muy presente e innovadora en la época. Un verdadero transgresor calmado. Donde aparecen dos de sus mitos cinematográficos por excelencia, todo un símbolo allá donde van: La Liz Taylor y Marilyn Monroe.

Tal fue su poder de atracción y conquista que muchas conocidas y, denominadas estrellas, no dudaron en postrarse y pedir ser inmortalizados, allá en los 70,  por el artista divertido. Prueba de ello, son sus míticas ya Polaroid, salidas de su Big Short.  La caída de un muro de opresión, pertenecientes a la serie “Ladies and Gentelmen” del Nueva York del 74, sobre el  desconocido mundo Drag Queen, muy cotizadas, hoy, en los Jarama artísticos.

Y es que parece que todo lo que tocaba se convertía en modelo a seguir. Un pope. Como el nuevo concepto del Business Art. Trabajó como productor en el musical  “The Velvet Underground”, o precursor de la conocida “Interview”, con sus características y emblemáticas portadas.

La lucha de un visionario americano por hacer del Arte algo común, a todos, sin vulgarizarlo, eso sí.  Todo su potencial como una corriente artística “plenamente democrática”, que ahora y hasta el 5 de junio (consultar programa de fechas, horario y entradas) podemos disfrutar en la capital, de un servidor público de lo creativo.  “Que quería ser bailarina de claqué. Y usar peluca para que la gente la mirara a ella y no a mí”, grande este Andy Warhol.