Capturar la fuerza de la luz, y su contraste, ha sido siempre una constante en la pintura de Merche Olcina (Madrid, 1955). Una inquietud que ahora se manifiesta en su nuevo trabajo expositivo, que muda cada noche con más color, es evidente, y abandono casi por un tiempo, de su sello blanco sobre negro o viceversa, de las sombras y luces de lo cotidiano en busca de lo trascendental, al encuentro de un nuevo día, camino de inspiración.

La proyección de una nueva etapa, que se manifiesta al alba, ¿dónde? ¿Cuándo? O  ¿con quién…?  Antes era la noche la que daba permiso, ahora es el inicio del día, la luz tenue de la mañana, su amanecer, con su despertar de las cosas, de la gente, en su estado natural, o su mediodía, en las calles o los parques, del bullicio o el silencio que encierra la gran ciudad, la vida en sí, la que forma y llena la estructura de sus obras axiales. “Más colorista y no tan estricta”, como ella apunta.

Con un guiño, en grandes formatos, también pequeños retratos de familia, escenas vitales que dan paso a una Navidad próxima, a un paseo matinal, cerca de La Cúpula del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, su hábitat, natural como ella, o de la señorial baranda de la playa de La Concha, figurantes distendidos, cómo ausentes, sin querer ser, buscando la brisa marina.

Donde queda patente su manejo con el oleo, simple o al agua. E incluso, se atreve, tímidamente, con el acrílico, más rápido en el sellado de sus inquietudes sobre el lienzo.

Una exposición individual, un regalo para los ojos que se acerquen a Montsequí, la galería capitolina que ha vuelto a apostar por esta artista curtida que se inicio en el dibujo en el Taller Villalar,  el Estudio Arjona y perfeccionó técnica fuera, en la cuna del arte renacentista, Florencia y su internacional escuela, lo que le ha impreso carácter a su pintura, gran calado.  Ya en 2019 abrió con “Inversa luz”, donde el lenguaje figurativo, casi onírico, lo era todo.  Pero esto no es una secuela ni un punto y seguido, ni mucho menos una prolongación aunque pudiera parecerlo.  “Despertar”, arranca de cero, porque cada día es distinto, nuevo, como la canción de Celine Dion, “A new dayHas come” Un nuevo día ha venido, con todo lo que ello conlleva. Se basa en la búsqueda de formas más originales, partiendo de fotografías, “el delicioso recuerdo de un instante”, que la artista que trabajó junto a pintores como José Guerrero, Manolo Valdés, Eduardo Arroyo y Joseph Guinnovart y es hacedora de varios premios como el “Rupestria” de Moratalla (Murcia) en 2007 o de Carteles del Instituto de la Mujer, moldea a su antojo para después plasmar ese corte de realidad en otra cosa. Donde su forma de expresión y libertad queda patente, aunque en esta ocasión, no le acompañe como telonero los bellos poemas del amigo Jorge Pastor-Melo.

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La formación es clave para el triunfo de un creador.  Su particular estilo, que ahora trata de innovar, gracias a su infatigable curiosidad, le ha llevado a copar, con sus numerosas muestras individuales, desde 1987, colegios,  como el de Arquitectos de Huelva, ateneos,  como el de Madrid, lonjas, galerías o casas como la de América,  no solo en la Comunidad, sino también en pequeñas localidades donde ha querido exhibir su don. Así como otros talleres  en el Círculo de Bellas Artes de la capital y bastantes colectivas como el Festival Art Deaders Association, Gaudi Art Gallery en Chicago (EE.UU.) o la “Act Gallery” en Okinawa (Japón).

Queda, por tanto, avalada la destreza de esta tímida creadora en palabras, pero extrovertida con el pincel en busca de “la chispa” que alumbra la vida cotidiana en todo su espectro, donde no la hay, o se adelanta a ella, aprovechando su resquicio, en su camino recorrido, que no es otra cosa que su experiencia o el puro reflejo de los destellos de su personalidad inspirada presa en los cuadros que ahora nos presenta, sin una oscuridad latente.

César Serna

Merche Olcina, “Despertar”. Galería Montsequi. Hasta 30 de diciembre de 2021.