La Comunidad de Madrid dedica una exposición a la cerámica de Talavera de la Reina, que se puede visitar en el Centro de Interpretación de Nuevo Baztán hasta el 13 de junio, con entrada gratuita. Una muestra que se compone de 40 piezas con diferentes tipologías, desde benditeras o platos, hasta botes de farmacia, azulejos o tinteros.

Bajo el título Cerámica de Talavera y comisariada por Jaume Coll, esta exposición traza un recorrido histórico, temático y estilístico por la producción de este importante centro toledano, a través de una selección de piezas procedentes de manera íntegra del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, de Valencia.

La loza de Talavera se remonta al siglo XVI, momento en el que se produjo un cambio trascendental en la cerámica española, fruto de la nueva mentalidad y concepción propia del Renacimiento. Fue el rey Felipe II quien la impulsó, al requerirla para sus nuevas fundaciones, en especial para San Lorenzo de El Escorial. Así, esta producción se convirtió en modelo de innovación y objeto de deseo, alcanzando una gran distribución en todo el territorio español, desde grandes ciudades a centros más pequeños, entre los que bien pudo estar la plaza del Mercado de Nuevo Baztán.

Los mercados de la nueva capital, Madrid, así como de las principales ciudades de España se inundaron así de talaveras, llegando incluso a cruzar el océano hasta México. La loza de Talavera presidió farmacias reales, alacenas de la nobleza, anaqueles de conventos o zócalos y retablos en iglesias, monasterios, casas de gobierno y palacios.

La plata y la porcelana eran los bienes más preciados, pero las talaveras -debido a su calidad- se empezaron a utilizar como soporte para representaciones heráldicas de instituciones y personalidades, como se puede observar en la exposición, que incluye piezas con este tipo de representaciones encargadas por conventos, nobles e incluso la farmacia real.

Además, esta loza era especialmente apreciada por la calidad de sus imitaciones de la cerámica de Pisa y la copia de los diseños de la porcelana china, conformando una producción que se divide en series para todos los gustos del momento. La serie heráldica, la tricolor, la azul, las escenas polícromas o la serie de la rosa u adormidera son reconocidas, nacional e internacionalmente, como una producción netamente española y talaverana.

Iniciado el siglo XVIII, la cerámica de Talavera comenzó una crisis que, incluso,  llevó a los cuatro obradores existentes a solicitar una serie de prebendas a la Corona, con el objetivo de incentivar su producción. Sin embargo, la crisis persistió, aumentada por la carestía del plomo -uno de los elementos integrantes de la loza- aunque el motivo principal de esta decadencia fue la utilización de unos elementos decorativos anclados en la tradición, que no se hacían eco de las modas ilustradas del momento.

La loza talaverana decayó, definitivamente, eclipsada por Alcora en el siglo XVIII, mientras que en el siglo XIX vivió un renacimiento, especialmente a través de los alfares de la cercana localidad de Puente del Arzobispo, que culminó con el alumbramiento de uno de los más reconocidos ceramistas de España: Juan Ruiz de Luna.

Una historia que tiene su colofón en 2019, con la declaración de la loza de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo y las de Puebla y Tlaxcala (México) por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Toda la información sobre Cerámica de Talavera está disponible en la web de la Comunidad de Madrid, en:

https://www.comunidad.madrid/actividades/2021/exposicion-ceramica-talavera