Un Trampantojo (“trampa ante ojo”) o en francés trompe-l’œil, (“engaña el ojo”) es una técnica pictórica para suscitar un deliberado engaño a aquel que mira, obteniendo una suerte de 3D mediante perspectivas, sombras, efectos ópticos y simulaciones. Con dicha pintura se consigue una “substitución de la realidad”.

¿Qué es y dónde se encuentra la realidad?

En tiempos de formidables trampantojos coronavíricos, me recreo en uno de los trampantojos más célebres de la historia de la pintura. Huyendo de la crítica, 1874, Pere Borrell, un crío con mirada locuela anhelando salir del cuadro antes de que las críticas mediáticas lo devasten. Un niño asaz harapiento, evocando la pobretería destellada en sus óleos por Murillo.

Un marco dorado ficticio forja la divisoria entre el mundo "real" y la pintura. El chavea “parece” saltar a nuestra realidad. Quiere aproximarse a ella, dinamitándola en el ínterin. El joven quiere salir del cuadro de forma rauda y excitada. Se halla asustadizo, diríase temeroso, alucinado casi, como trastornado por escapar de un agujero. Evocamos a la Alicia de Carroll. Los boquetes que muestran “otras realidades”.

Esta enloquecida actitud del infante la podemos detectar con facilidad al verlo asirse con tantísima fuerza al marco. Su doblar la pierna, ejerciendo enérgica presión que le haga salir de ahí. Del abisal e insondable agujero, otra vez. Su rostro, definitivas pistas: faz impresionable, ojos angustiados mirando hacia un lado, contagiándonos, de paso, aprensión, sospecha y extrañeza. El niño huye de algo que no sabemos qué es. En el fondo, nos sacude un rumor neutro, perturbador y sombrío.

Realidad versus híper-realidad

El trampantojo presente, en ese sentido, deviene inquietante. En primer lugar por lo realista del cuadro, casi me atrevería a decir híper-realista. En segundo término porque el propio retrato, pintado y enmarcado, se escapa asustadizo de su propio marco y quiere arrojarse al vacío de nuestra "realidad". Como en la falsa pandemia actual, el niño/la mentira pictórica desertaría de un marco inexistente como objeto “real” que carecería de sentido, ya que si lo tuviera se esfumaría la trampa que se pretende manifestar en el excelente cuadro de Pere Borrell.

El cuadro de Borrell pueden disfrutarlo en el Museo del Banco de España, Madrid. Merece su sosegada contemplación. Y posterior reflexión, tan actual. La realidad veraz vampirizada por la engañadora híper-realidad. En fin.