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¿Cómo influyó en su caso ser de una dinastía de toreros para dedicar su vida a esta profesión, que imprime carácter?

Como mi padre había toreado y se dedicaba al mundo del toro, yo me crié en un seno familiar taurino, y en seguida sentí esa llamada en lo más profundo de mi ser.

¿Cómo concretamente la figura paterna le inculcó ese amor al mundo del toro?

Desde que era un niño he tenido un faro en mi vida, un guía, un maestro que me enseñó lo que es la vida y lo que es el toreo, mi padre. De él aprendí que en la vida hay que andar sostenido en tres valores: la lealtad, la dignidad y el respeto.

¿Qué referencias tuvo de otros grandes maestros (enumere a los que más hondamente le impactaron)?

Claro que tuve luces en las que fijarme. Primero en casa luego en la plaza. Recuerdo que cuando reaparecieron Manolo Vázquez y Antoñete fueron una referencia para mí, los observaba con devoción, deslumbrado.Y me fascinaron; El Viti, Camino, Manzanares, Romero y Paula. De pequeño ese palo de toreros de clase era lo que me llenaba, después he aprendido de todos, porque cada estilo es necesario, la variedad es rica.

¿Cuándo se dio cuenta que el arte de la tauromaquía no es una profesión más, sino una forma de entender la vida?

Siempre he pensado que escuchar de niño esas conversaciones, y recibir esos consejos por parte de mi padre, es una herencia taurina que no tiene precio.

¿Qué le hizo decantarse a dedicarse en cuerpo y alma al mundo del toro?

La llamada de la vocación. En el momento que me puse delante de dos o tres becerras, cada vez era más grande y no pude desatenderla.

¿Qué supuso poder cumplir su sueño?

La vida, el mundo, no es si no un sueño dentro de un sueño cuyos soñadores forman parte del sueño, siempre hay que soñar, hasta despierto. Los toreros somos perseguidores de sueños. Hacerlos realidad es maravilloso, pero soñarlos y no lograrlos también.

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¿Podría definir a grandes rasgos las principales características de su estilo?

Ese reconocimiento debe venir de la gente. Yo me considero artista en mi interior, pero prefiero que me lo reconozca la afición. Es lo que corresponde, pero sí te digo que el arte siempre me inquietó, siempre lo sentí, fue un compañero.

Háblenos de lo que ha aportado usted al riquísimo universo del toro...

Cada vez que me he vestido de torero ha sido para dignificar y darle categoría a mi profesión. Y no me refería a estar bien todas las tardes sino a ser torero dentro y fuera de la plaza.

¿Siente que ha sido valorada su trayectoria?

Me va más ser incomprendido, es más romántico. Le estoy agradecido al toreo y al toro.

¿Cuáles han sido las mejores tardes que recuerda?

Las que me enseñan son las malas, las buenas poco, porque son todo parabienes. Cuando no salen bien las cosas te encuentras en un bosque oscuro. Pero tiras de valores, de la educación taurina que te han inculcado, y te levantas. Eso es extraordinario.

Y dentro de ellas ¿cuál ha sido su faena redonda?

Creo que lo bueno de ciertos momentos no es la duración, sino la intensidad  con la que suceden. Por eso hay instantes inolvidables, al tiempo que inexplicables. Como por ejemplo la que tuvo lugar en Las Ventas en otoño de 2010. El mensaje fue: ir de la manera más natural dar catorce o quince muletazos, un espadazo y en la plaza más grande del mundo no hizo falta más. 

El mundo del toro es algo muy profundo, pero no todo el mundo capta el sentido más hondo de la fiesta...

El valor fundamental que me ha enseñado el toreo es que a esta vida vienes para dos cosas: para aprender y para amar. Para aprender a amar a la vida y a las personas, y que lo más grande en esta vida es lo inmaterial. Esto lo he aprendido en las entrañas del toro, entre la gente del toro.

¿Dónde está realmente el misterio?

O muchos misterios. No se puede explicar como te puedes poner delante de un toro sin estar loco y nos ponemos. El torero es enigma en su esencia y grandeza por sus valores. Asumir todas las consecuencias del toreo por lograr un sueño hace pensar... El oficio y el valor ayudan a sortear todas esas dificultades pero... no hay explicación lógica.

¿Cómo valora el carácter ritual de los toros donde el toro se ofrece en sacrificio en el altar de la plaza?

A el toro lo amo, lo respeto: es la figura con la que puedes realizarte. Sin el toro no estaríamos aquí. Todo se mide en torno a él.

A veces es el mismo torero el que puede también dar su propia vida en sacrificio...

En una exposición constante arriesgas la vida, pero intento no pensarlo mucho.

¿Qué diría a todos los detractores del mundo del toro?

Que nunca vi una expresión de sufrimiento en la mirada de un toro, solo la de un animal retador, salvaje en potencia e instinto. Él y yo nos hemos cansado de hablar sin palabras, por eso lo digo, por eso lo sé.

¿Cree que pueden poner en peligro la misma fiesta?

Mientras haya un ser humano que sienta el toreo será muy difícil porque es contagioso.

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